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Historia de la marca Minerva

Historia de la marca Minerva

Por Alejandro Franco – contáctenos


Antes que el holocausto se desencadenara a fines de los años 30 por el auge de la Alemania Nazi – y sus desmesuradas ambiciones territoriales que terminarían reduciendo Europa a cenizas en menos de una década -, el Viejo Continente vivía en una estado de eterna contradicción, alternando entre la riqueza total y la pobreza absoluta. La crisis de 1929 había pegado fuerte en todo el mundo y el grueso de la población estaba sumida en la miseria – o peleando para sobrevivir – pero, por otra parte, industriales, terratenientes y la realeza europea estaban en una situación de privilegio totalmente ajena a dicha realidad. Es por ese motivo que, aún en uno de los momentos mas duros de la economía mundial, prosperaron los productores de bienes de lujo y, en el caso de Europa, los fabricantes de autos selectos.

Quizás Rolls Royce represente el sinónimo de lujo atemporal y veneración que genera una marca que fabrica vehículos con el mismo cuidado que si fueran joyas pero, en la década del 30, la RR tenía una agria competencia con un constructor belga que hacía autos espléndidos, de enorme calidad y por un precio bastante menor al de la marca británica.

Esta es la historia de Minerva, un fabricante belga de coches de lujo que supo encontrar su extinción en la postguerra al no saber adaptarse a las nuevas reglas de juego.

Productos belgas de calidad internacional

La marca es fundada por un inmigrante holandés, Sylvain de Jong, en 1897. En un principio el negocio de Minerva eran las bicicletas, pero con el tiempo decidieron diversificar con un engine de diseño propio, dando a luz una generación de motocicletas de pequeña cilindrada. Debido a dar 50 km/h y tener un consumo de combustible aceptable, las motocicletas Minerva rápidamente comenzaron a ser muy solicitadas, y la firma terminó por exportarlas a la mayoría de Europa.

Una limusina Minerva Type K de 1907

Una limusina Minerva Type K de 1907

El éxito los animó a lanzarse al mercado de los automóviles en 1904. Ya era considerada una marca premium en bicicletas y motocicletas, así que tenían el respaldo de la calidad de la marca para ingresar en un mercado tan atiborrado como el de los automóviles de lujo. La mayoría de sus modelos de aquel entonces eran limusinas – usando los lineamientos de Rolls Royce, con la sección del chofer apartada de la cabina de pasajeros y sin techo -, e incluso eran importadas en Inglaterra por el mismo Charles S Rolls, quien mantenía una cadena de concesionarios mientras hacia sus primeros pasos en la RR.

Un año mas tarde Minerva obtuvo la licencia para construir motores Knight. Diseñados por un estadounidense, eran potentes y extremadamente silenciosos y eso se convertiría en un fuerte argumento de venta para sus vehículos.

Estalla la Primera Guerra Mundial y de Jong decide mudar las instalaciones de la empresa a Amsterdam. Allí se dedica a fabricar sedanes descapotables para el ejército ya que la estratagema de aquel entonces era mandar hacia las líneas enemigas un coche a toda velocidad, dotado de chofer y tres fusileros parados en sus asientos, disparando sin cesar hacia una posición fortificada mientras se daban a la fuga. Si se trataba de una estrategia ineficiente, es porque nadie sabía en esa época cómo utilizar el automóvil como factor ofensivo durante la guerra – aparte de transportar oficiales, suministros y cañones de manera mas rápida y eficiente que con caballos -. El ejército estaba comandado por viejos generales que sólo entendían la guerra a la usanza tradicional como lo era desde hace siglos – con cargas de caballería, infantería y cañones -. Llevaría tiempo modernizar la arcaica mentalidad militar y eso solo llegaría con el uso de los aviones para ataque y bombardeo, y la aparición del primer tanque – el británico Mark I de 1916 – como medio para penetrar posiciones fortificadas. Desde ya la táctica de disparar y huir desde un auto quedó reducida a cenizas cuando el conflicto se estancó transformándose en una guerra de trincheras.

limusina Minerva type F/M8 de 1938

Una limusina Minerva type F/M8 de 1938, uno de los últimos autos producidos por la marca antes de la Segunda Guerra Mundial.

En la década del 20 de Jong regresó a Bélgica y retomó la producción de autos de lujo. Ya su prestigio alcanzaba los mercados ultramarinos, teniendo clientes en la élite de Hollywood y siendo sus coches extremadamente apreciados. El problema es que llega 1929 y la crisis de Wall Street golpea en todos lados. Para subsistir Minerva decide fusionarse con Imperiaotro fabricante de coches belga – y empiezan a producir autos en conjunto. Pero la guerra congela todos sus planes de expansión y recién podrán regresar al mercado cuando el conflicto termine.

El Land Rover belga

Cuando termina la Segunda Guerra Mundial, queda poco y nada del esplendor de la marca belga. Instalaciones destruidas, un mercado devastado y sumido en la pobreza, escasez de materiales e imposibilidad de obtener financiamiento a buen precio para remontar la cuesta. Las alternativas que baraja Minerva son cerrar, regresar al mercado de bicicletas y motocicletas, embarcarse en el mercado de los microcoches (hay muchas marcas de prestigio que apelan a producir estos autos de juguete con tal de sobrevivir)… u obtener un contrato del estado y producir vehiculos militares. Así llegamos a 1954 en donde Minerva aparece produciendo Lands Rovers bajo licencia de la marca inglesa. Debido a la escasez de materiales, estos Land Rover son fabricados con carrocería de acero en vez de la original (y costosa) carrocería de aluminio.

El problema es que el licenciamiento era costoso y el contrato estaba a punto de terminar, y Minerva decide seguir haciendo Land Rovers por su cuenta (ahora llamados Minerva C22). Los cambios estéticos son mínimos pero se nota que la base del diseño era el Land Rover 80. Es por eso que ingleses y belgas terminan en una agria disputa legal, ganando los belgas el juicio y obteniendo el derecho a romper el contrato sin pagar regalías. Lastima que ello fue una victoria pírrica: apenas un par de años después Minerva cerraba sus puertas y había producido menos de 20 unidades del C20 y del C22, sus versiones aggiornadas del clásico Land Rover. Todo el dinero y el esfuerzo se había ido en la batalla legal, y ni siquiera alcanzaron a plasmar el prototipo de coche de lujo con el que planeaban regresar al mercado… un sueño que quedó como boceto en una hoja que la devoró el tiempo.

Minerva C22 de 1957

Un Minerva C22 de 1957. Los faros en el radiador y otros pequeños cambios estéticos no disimulaban la base Land Rover del vehículo, marca con la cual la firma belga se embarcó en una amarga disputa legal que terminó por llevarla a la ruina.