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HISTORIA DEL DeLorean DMC 12

DeLorean DMC12

Por Alejandro Franco – contáctenos

El Universo ha cambiado… y las raices de dichos cambios se encuentran en el pasado. Exactamente 30 años atrás. Es necesario que Marty McFly viaje en el tiempo y resuelva dichos problemas y, para ello, debe treparse en su máquina del tiempo: una estilizada cupé plateada DeLorean, dotada de un excéntrico motor atómico.

Ciertamente el DeLorean ha pasado a la historia por ser el auto icónico del venerado filme de culto Volver al Futuro (y sus secuelas), pero su historia real dista mucho de ser brillante. Como una supernova, el innovador auto fabricado de manera independiente por John Z. DeLorean apareció, encandiló y se disolvió en la oscuridad en cuestión de unos pocos años. Y aquí te contamos la historia.

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Los inicios de la leyenda

La carrera de John Z. DeLorean lucía realmente promisoria en la General Motors. Su último éxito había sido el Pontiac GTO, el que se había introducido en 1964 y que terminaría siendo el padre de la generación de los muscle cars que dominarían la industria automovilística norteamericana durante los siguientes 15 años. Ciertamente el GTO no era tan potente como parecía, pero su aspecto vendía sueños de velocidades salvajes a los agitados compradores que lo adquirían. Si bien el pronóstico inicial era el de vender 5.000 unidades, la cadena de concesionarios trajo pedidos que multiplicaban en 20 veces la cifra estimada.

Esto le trajo un enorme respeto por parte de los accionistas, quienes rápidamente promovieron a DeLorean a cargos cada vez más altos en la General Motors. Primero se hizo cargo de la Chevrolet y lanzó el Monte Carlo, otro enorme éxito de ventas. Y, con apenas 40 años, llegó a la vicepresidencia del grupo. Pero, mientras que los éxitos avalaban el talento de DeLorean, las rivalidades internas terminarían mellando su relación con la empresa. En 1973 renunció (aunque hay versiones de que lo echaron) y el ejecutivo quedó listo para ser un joven jubilado millonario. Pero… imposible que un hombre así se quedara quieto, así que comenzó a pergueñar su siguiente proyecto.

Creando su propia compañía

DeLorean estaba convencido de que había un nicho en los deportivos de lujo, ubicado entre el Chevrolet Corvette y el Porsche 911, el cual podía ser ocupado por un desarrollador independiente que produjera autos de gran calidad en pequeña escala y que resultaran altamente rentables.

Ni bien comenzó con su proyecto, los pagos de ganancias de la GM cesaron, simplemente porque su acuerdo de retiro incluía una cláusula de no competencia. Dificilmente un auto artesanal de lujo pudiera destronar a un gigante de la industria pero la General Motors hizo sentir todo su peso, y DeLorean aprovechó la movida para sacar un libro (On a Clear Day You Can See General Motors: John Z. DeLorean’s Look Inside the Automotive Giant) en donde atacaba a su antiguo empleador y se plantaba como un rebelde frente a la industria. La movida publicitaria sirvió para llamar la atención sobre su persona, quien salió a defender la idea de su próximo proyecto: un auto deportivo americano, avanzado, durable, seguro, cómodo y de consumo razonable.

El concepto venía implementado así: una carrocería de plástico (diseñada por Italdesign, los mismos del Lotus Esprit y del VW Golf), montada sobre un chasis reforzado con gruesos parantes, y provisto de airbags capaces de proteger a los pasajeros en un choque a 64 km por hora, un standard superior al exigido por las leyes federales de aquel entonces. Para 1976 el proyecto había pasado a llamarse DeLorean DMC-12.

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El tema era encontrar financiación para el proyecto, para lo cual la fortuna personal de DeLorean no alcanzaba. El carisma del diseñador sirvió para enrolar rápidamente inversores, a los cuales organizó en una colmena de compañías que sirvieron de soporte para la DMC. El problema es que dicho esquema era confuso… quizás demasiado, y ésa sería una de las causas de su caída.

Construyendo el DMC

El coche terminó siendo armado con un motor PRV V6, diseñado por la Renault para su línea R30. Era liviano y potente, pero obligó a cambios en el diseño – el motor pasó a ser trasero – y a adoptar algunos standards de Renault para hacer funcional al motor sin perder tiempo en adaptaciones.

Para 1978 DeLorean estaba listo para armar su auto, pero precisaba dinero, y terminó negociando con el gobierno de Puerto Rico la inversión de 64 millones de dólares, amén de armar una planta industrial en en la ciudad de Aguadilla. El resto del dinero que necesitaba lo obtendría del conflictuado gobierno de Irlanda del Norte, el que le prestaría la plata a cambio de una promesa de 2.000 puestos de trabajo.

Pero aunque tenía la plata, el DMC no estaba listo y DeLorean tuvo que salir a contratar ingeniería externa. A regañadientes terminó con la gente de Lotusa quienes consideraba mediocres – luego que la Porsche y la BMW le pidieran fortunas por su asesoría. Lotus puso a la mitad de su staff a trabajar en el proyecto, introduciendo tantos cambios que la versión final del DeLorean terminaría siendo un Lotus Esprit camuflado bajo una exótica carrocería.

La carrocería pasó a ser de fibra de vidrio inyectada y, ya que se había perdido rigidez, se añadió una gruesa barra de acero en el chasis. Esto le traería 227 kg extra de peso al diseño original, alterando la perfomance que el motor PRV de Renault podía ofrecer.

Todo esto culminó en demoras, y en 1981 el auto no estaba listo y los fondos se achicaban. DeLorean obtuvo 30 millones de dólares extra de parte del gobierno irlandés, con una promesa de 20 millones más en el futuro cercano… pero aún así no alcanzaba.

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A duras penas el DMC se vió obligado a salir al mercado cuanto antes, y ello terminó resintiendo su calidad final. El diseño era innovador, pero la calidad del terminado y las prestaciones dejaban bastante que desear. Si bien el DMC no era un auto de prestaciones mediocres, se sentía pobremente potenciado respecto de los Corvette, Datsun 280-ZX Turbo, o los Porsche 924 Turbo, los cuales eran más robustos y costaban un 25% menos.

Para finales de 1981 la DeLorean Motors sangraba dinero a niveles alarmantes, aunque su presidente mantenía su costoso nivel de vida sin ningún desmedro. El gobierno inglés sospechaba de algún tipo de desfalco, cuando no de un terrible manejo administrativo. Para colmo 1982 comenzó con una crisis económica que afectó el mercado norteamericano, y la empresa comenzó a acumular cientos de DMC armados en sus depósitos sin que nadie quisiera comprarlos. Los proveedores comenzaron a tironear, y los inversores comenzaron a irse. Y el sorpresivo final vendría en octubre de 1982, con DeLorean arrestado en Los Angeles, y a punto de cerrar un trato de distribución de 24 millones de dólares en cocaína.

El principio de la caída comenzó en julio de ese año, cuando DeLorean contactó a su vecino James Timothy Hoffman, de quien sospechaba que estaba en el negocio de los drogas. Si bien era cierto, también era verdad que Hoffman era un informante del FBI que venía trabajando para desmantelar una red de distribución de narcóticos, y el desesperado DeLorean resultó ser la frutilla del postre.

DeLorean ha alegado repetidamente que pensaba que se trataba de un inversor externo dispuesto a adquirir el 50% de la empresa, y que el trato no involucraba drogas. Incluso en un momento un par de agentes encubiertos le mostraron la cocaína, material que él no había llevado. La corte le sacó todos los cargos a DeLorean luego de dos años, creyendo que el emprendedor había sido enredado por los agentes federales, y con pocas pruebas para mostrar su participación real en una conspiración.

Pero los problemas de DeLorean no terminaron allí. Entre 1985 y 1989 transitó por todos los juzgados habidos y por haber, con cargos de evasión de impuestos, fraude y desfalco. Las causas contra la empresa llegaron incluso a Gran Bretaña, en donde gente de la Lotus cayó presa por complicidad en la maniobra financiera. Pero DeLorean seguía libre, magullado pero libre.

En 1999 DeLorean en persona entró en quiebra. A los juicios por la cocaína, siguieron los de los gobiernos por fraude… y los de los concesionarios que le reclamaban por los adelantos de los compradores. La batalla legal pudo más que el castigado cuerpo, y en el 2005 el controvertido empresario falleció a los 80 años.

Una marca resucitada

En 1997 Stephen Wynne compró los restos de la fábrica y comenzó a darle servicio a los DMC remanentes… pero el negocio lentamente comenzó a prosperar y Wynne se animó a reensamblar DeLoreans con las partes existentes en depósito. Y para el 2008 comenzó a fabricar DMC con partes totalmente nuevas siguiendo los planos originales.

Ciertamente John Zachary DeLorean nunca resultó culpable de ninguno de los cargos que se le adjudicaron, pero su sueño terminó devorando su prestigio, su fortuna y su propia vida. Un triste final para un entrepreneur de enorme talento, que decidió arriesgar mucho más de lo que podía por alcanzar una estrella que resultó ser demasiado fugaz.

otra vista del DeLorean DMC-12

Características técnicas del DeLorean DMC-12:

  • Cupé de 2 puertas “alas de gaviota”
  • Motor de 2.849 litros V6, 150 HP
  • Transmisión manual de 5 velocidades / automática de 3 velocidades.
  • Distancia entre ruedas 2.413 metros
  • Largo 4.216 metros
  • Ancho 1.857 metros
  • altura 1.140 metros
  • Peso 1.230 kg
  • Diseñador: Giorgetto Giugiaro

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