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HISTORIA DEL TRABANT

historia del Trabant

Por Alejandro Franco – contáctenos

El Trabant es un coche de sensaciones encontradas. Su abolengo es infame y su tecnología es obsoleta pero, por otra parte, no es más que una máquina – un pedazo de metal al cual se le adjudican mas ignominias que las que realmente se merece -. Quizás el mayor problema que tiene el Trabant es que se trata de un símbolo de los años oscuros en los cuales el comunismo dominaba media Alemania, en donde poseer un cochecito pequeño e ineficiente era lo más parecido a tener un lujo.

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Nace una estrella… roja

Para el gobierno comunista de Alemania Oriental era más que importante dar la sensación de que bajo su administración todo el pueblo vivía en un status de bienestar. Para dar esa sensación había que prestar atención a los detalles y uno de los mas obvios era que cada familia tuviera un auto… aunque se tratara del modelo único fabricado en masa por el Estado y carente de detalles distintivos.

Ciertamente era un propósito tan loable como cuestionable – a final de cuentas, cada persona tenía derecho a tener su propio auto pero, por otra parte, no había opciones para elegir y la adjudicación del vehículo respondía a una cuestión más de apariencias que de verdadero interés del Estado hacia la persona -, pero el estado alemán se dió maña para implementarlo, aunque no sin ciertas dificultades. Uno de los principales problemas era la escasez de materiales para montar una producción masiva de coches, con lo cual los vehículos fabricados solían ser endelebles carrocerías de fibra de vidrio dotadas de algún ineficiente motor. Si bien esto impedía la corrosión propia de los chasis de acero, por otra parte traía su propia sarta de problemas, léase la baja resistencia a los impactos, la dificultad para pintar esa clase de materiales, y el resentimiento de la vida útil de los mismos frente al sol y los calores intensos.

El primer experimento de auto “social” fue el Zwickau AWZ P70, del cual se fabricaron 36.151 unidades entre 1955 y 1958. Pero el estado alemán quería algo superior – aunque mas económico – y así es como se despacharon con el Trabant en 1957 – cuyo nombre significa “satélite”, apelativo elegido por concurso en conmemoración al lanzamiento del Sputnik ese mismo año -.

Para su época el Trabant era un coche relativamente avanzado. Era monocasco, poseía suspensión independiente en las cuatro ruedas, y su carrocería estaba hecha de Duroplastuna especie de plástico generado a partir del reciclamiento de materiales tales como residuos de algodón y resinas de fenol, la primera de las cuales procedía de la URSS y cuya demora en embarque y procesamiento enlentecía todo el proceso de fabricación del auto -. Pero la escasez de materiales no sólo se sentía en el chasis sino también en el motor, el cual había sido reducido a un pequeño dos tiempos que resultaba tan estridente como ineficiente a la hora del consumo. Dicho motor era un rezago del proyecto original – que consistía en la fabricación de un triciclo motorizado -, pero jamás pasó por ningún proceso de revisión o reingeniería para adaptarlo a la nueva carrocería. Era estruendoso y contaminante, produciendo emisiones de humo cuatro veces superiores a motores de similar cilindrada fabricados en occidente en esa misma época (y eso que estamos hablando de un motor de 600 cc, con unos escasos 26 caballos de fuerza que hacían llegar al coche – en el mejor de los casos – a unos ajustados 112 km por hora). Como sea, lo cierto es que el motor del Trabant era ineficiente: daba 100 km por cada 7 litros de nafta, y resultaba un devorador compulsivo de aceite, obligando a los conductores a supervisar constantemente la mezcla que tenían en sus pequeños tanques, en una proporción de un litro por cada 33 de combustible. Por ello era habitual que, en los viajes largos, los dueños de los Trabant incluyeran como equipamiento standard un enorme bidón de aceite para hacerle frente a las necesidades del camino.

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La primera edición del Trabant (llamada P50) apareció entre 1957 y 1962; después vino el 600 (fabricado entre 1962 y 1964); y en dicho año apareció el 601, el cual se transformó en el modelo mas característico y extendido de la marca. Ciertamente las expectativas del 601 no pasaban de producirlo mas allá de 1967; pero los problemas de abastecimiento de materiales dieron por tierra con todos los proyectos para reemplazarlo, con lo cual el vetusto cochecito siguió en producción hasta 1991… justo cuando comenzaba a materializarse el proceso de reunificación de las dos Alemanias. Con su tecnología mas que arcaica era obvio que el Trabant no estaba en condiciones de competir con sus pares de la antigua Alemania Occidental – léase, la catarata de avanzados Volkswagens, Mercedes Benz, Audis, BMWs, etc -, e intentó sobrevivir durante un año más con el modelo 1.1, el cual no era más que el viejo 601 al cual le había colocado un motor de Volkswagen Golf. Pero 1991 sería el año del final, y la fábrica de Mosel cerraría sus puertas, siendo vendida mas tarde a la Volkswagen. Para 1992 el Trabant no era mas que un recuerdo, y sus numerosos supervivientes se agitaban como fantasmas de un pasado demasiado oscuro y amargo de recordar.

La importancia histórica de un cochecito infame

Para muchos el Trabant fue un símbolo inconfundible del agobiante régimen comunista de la Alemania Oriental. La producción del coche era artesanal y demandante, el auto en sí era ineficiente y poco seguro – el tanque de combustible estaba ubicado por encima del motor, para alimentar por gravedad al carburador… lo cual lo hacía propenso a los incendios tanto accidentales como en el caso de eventuales choques frontales – y, lo que era peor, las listas de espera para obtenerlo tenían demoras de varios años – con lo cual los Trabants de segunda mano terminaron cotizando mucho mas caro que los 0 Km próximos a entregarse -. Cuando llegó la reunificación alemana, miles de personas utilizaron sus vetustos Trabant para traspasar la frontera occidental y, debido a la ineficiencia de emisiones (y su ilegalidad frente a los estandares de la República Federal Alemana), centenares de coches fueron abandonados en la vía pública por sus dueños. El Trabant pasó a ser una mala palabra, y una enorme cantidad de ellos fueron revendidos a precios irrisorios con tal de poder deshacerse de ellos.

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Pero el tiempo suele dar segundas oportunidades, especialmente para aquellos que han sido injustamente acusados de algo que no cometieron. No sólo se han formado clubes de fans del Trabantlos cuales lo han customizado de miles de maneras, incluyendo el recambio total de su infame motor -, sino que se han celebrado competencias con Trabants tuneados. Y, por si todo esto fuera poco, el 2009 vió el nacimiento de un prototipo completamente moderno – aunque respetuoso de las líneas clásicas del cochecito -, manufacturado por un consorcio de industriales alemanes, quienes planean fabricar dos modelos – uno eléctrico y otro motorizado por un engine BMW -. Un increíble revival para un autito que nació hace más de 50 años y que – con más de 3 millones de unidades producidas – terminó a la fuerza por hacerse un lugarcito en el corazón de todos los alemanes.

vista del Trabant 1.1, el ultimo modelo de la serie

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